Hoy, 18 de Junio de 2019, he acabado por fin esta nueva serie, tras un año de trabajo que se me hizo demasiado largo y en el que solo mi propia cabezonería me conminó, en los peores momentos, a terminar las diez unidades previstas,aunque de sobras sabía que era un experimento y que en su cómputo total podía resultarme tan arduo como ingrato.

La idea era darle un especial protagonismo a los fondos de cada obra, a base de diseñar un conglomerado de módulos geométricos, de tal manera que por sí solos  ya hubieran podido ser, a modo de ejemplo, como un panel de azulejos, sin más historias y sin ir más lejos.

El paso siguiente era incluir y encajar sobre ese fondo el objeto o figura, como motivo central y sin calentarme mucho la cabeza en su elección. O al menos, eso pensaba yo.

También pensé que podía estar bien dedicar esta serie a las féminas y qué mejor para ello que empezar por crearles su propio Oscar exclusivo: La Oscarina. Luego vino la bailaora, después la abuela y después...el quedarme un poco en blanco y sin saber qué nuevo modelo elegir para continuar, lo cual no era buena cosa. No podía ser víctima de mi particular empecinamiento y aún me quedaban siete cuadros que pintar.

Entonces llegaron las mariposas para darme un respiro y sacarme del atolladero sin dificultades, sumergiéndome en esa alegría que infundían en su compleja sencillez.

Había llegado a la mitad, ya con cinco obras terminadas y la disyuntiva de cuál sería la próxima, cuando recibí una llamada con un encargo, que en principio me resistí a aceptar por las circunstancias en que me hallaba, pero que tampoco podía rechazar. Se trataba de hacer un retrato del actor Oscar Jaenada, que sería el regalo sorpresa que su hermana Sandra quería darle en su cumpleaños. Y entonces me vino la idea y la solución para no tener que dejar estancada la serie: Le haría el retrato, pero a condición de elaborarlo con la misma técnica que estaba llevando a cabo. Así pues, en lugar de retrasarme en el trabajo, formaría parte de la serie. Sería el cuadro nº 6, aunque en este caso particular tendría que ir un poco más allá de la simple silueta y hacer que su rostro fuera perfectamente reconocible. Y me volqué en el asunto. Me ilusioné, asumí el reto y la satisfacción del resultado fue mutua.

Para el cuadro nº 7, elegí algo tan sencillo como un cántaro. Los dos siguientes - la tetera y el jarrón-, con los que quería seguir esa línea, se me atravesaron un poco y me compliqué más de la cuenta. El experimento ya estaba tocando a su fin y debía coronarlo con algo especial.

Así me llegó la inspiración del último de la serie, con esa imagen de mujer en campo abierto, que me devolvió la calma y la certidumbre de que bien está lo que bien acaba, pero confiando en que mis próximos trabajos dejen a un lado los límites de la geometría y se centren en la libre creatividad sin ataduras previas.

Lo único que puedo adelantaros es que ya tengo otros diez lienzos en blanco, listos para empezar en cualquier momento y ojalá que merezca la pena y me hagan disfrutar.

Hasta pronto.

Siluetas con Fondo