En el día de hoy, 1 de Abril de 2.020, he dado por finalizada esta nueva serie, en que con mayor o menor acierto, he querido desarrollar un imaginario desfile de modelos, que van posando por turnos delante de un cuadro, cuyo contenido guarde cierta complicidad con el personaje a representar y  enmarcado a juego con sus vestidos, o viceversa, ya que si bien unas veces empezaba por el diseño de la modelo, en otras lo hacía por el marco, confiando en que al final se cumpliera la regla matemática de que el orden de los factores no alterase el producto y manteniendo así un espacio abierto a la ilusión de la propia sorpresa.


Pero los que ya me conocéis, no os extrañareis si os digo que no me faltaron ocasiones para volver a preguntarme por qué narices me había metido otra vez en camisa de once varas, con un trabajo tan meticuloso y sin haber sopesado de antemano si la vaca tendría tanta leche, o si la flauta de la casualidad seguiría sonando hasta el final, logrando que dentro de la homogeneidad en la combinación de obras, también existiera  la peculiaridad en cada una de ellas. Así es que, ya metido en el berenjenal, solo podía seguir confiando en que la divina providencia siguiera acudiendo a tiempo, aunque fuera in extremis, ofreciéndome su pizca de inspiración como  ave cazada al vuelo.


Al final, creo que dentro de lo que cabe, he superado el reto con menos dificultades de las que me esperaba y que el resultado queda agradable a la vista y hasta con cierta dosis de simpatía.

Ya veremos en qué voy a meterme ahora y en qué quedan mis íntimos deseos de hacer algo muy distinto, si es que logro atrapar algo de lo que encierran en su interior los próximos diez lienzos en blanco, que esperan su turno para ir subiendo al caballete, mientras la vida continúa sin prisas y sin pausas, como el limonero cuatro estaciones, que a través de la ventana me sigue ofreciendo el ejemplo de una vida serena, sencilla, alegre y productiva.

Un saludo a todos y hasta la próxima entrega.

Modelos y Marcos